Es evidente que el noviazgo no es solo un tiempo que precede al matrimonio, es sobre todo una preparación, su escuela, su premisa. En el noviazgo está la clave de tantas cosas, positivas y negativas, que condicionarán más tarde la vida matrimonial, en un sentido o en otro. Por lo que se refiere a la castidad también.El noviazgo
El noviazgo bien vivido constituye, en cambio, una garantía insospechadamente eficaz para el futuro. Es "una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Y como toda escuela de amor, ha de estar inspirado no por el afán de posesión, sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza" (J. Escriva de Balaguer, Conversaciones, Madrid, 1969, 3.. ed., n. 105).
¿Hasta dónde se puede llegar en las manifestaciones de afecto?
Algunos unos criterios que te pueden servir de guía:
No deben ser cosas que, en el fondo de la conciencia, tengan un timbre de lujuria, de bajeza, de egoísmo.
Evitar que se susciten manifestaciones corporales que son propias de la intimidad conyugal.
A la hora de la responsabilidad moral, no puede prescindirse de lo que pase en la conciencia del otro, porque los novios son dos.
Es cierto que el noviazgo lleva consigo el cariño y la necesidad de manifestarlo; la oportunidad de estar juntos con frecuencia; la familiaridad, etc. Sin embargo hay que estar alertas para no pasar el límite del noviazgo puro. Cuando hay un fondo de rectitud y buena voluntad, se pueden evitar muchas ocasiones peligrosas.
Claro que el noviazgo requiere momentos de intimidad, para cambiar impresiones y confidencias nobles, y para empezar a entrenarse en el nosotros y el mundo, pero intimidad siempre debe guardar los límites para que se de un conocimiento verdadero conforme las etapas normales del noviazgo con el fin de la preparación para el matrimonio, donde verdaderamente se pueda dar la entrega y amor total.

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